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viernes, 4 de junio de 2010

Artest es la llave

Ron Artest es el encargado de parar a Paul Pierce. Foto: ESPN.com

Hubo un tiempo en el que Ron Artest era un jugador polivalente. Capaz de pegarse a su rival como un chicle en defensa y resolver con cierta solvencia un ataque. Un jugador polémico, estigmatizado en demasía por el día que se le ocurrió subir las escaleras del Palace para pelearse con un aficionado. Y es que aquella macarrada, totalmente fuera de lugar, parece haberle marcado en demasía, mucho más tiempo que los 73 partidos que cumplió de sanción.

Antes de aquello, Ron Ron llegó al estatus de All-Star, amén de haber sido nombrado jugador defensivo del año. Unas condecoraciones que demuestran que un día fue algo más que el jugador alocado que se ha vendido después del follón de Detroit. Ese rol de cabeza loca que, sin duda, él mismo se ha llegado a creer hasta el punto de, prácticamente, pegarse partidos enteros sin mirar a la canasta contraria. Algo absurdo en un jugador que un año superó los 24 puntos por noche.
Pero, tras el primer partido de las Finales parece que por fin se ha reencontrado con sigo mismo. Artest está en paz, y eso le ha convertido en clave del triunfo.

Sin Pierce no hay fiesta en el lado verde. No hace falta una sesuda labor de scouting para saber esto. Ron Ron, como perro de presa que quiere ser, no dudó de emplearse duramente en tan dificil tarea. Así, significativa es la doble técnica que ambos se llevaron cuando sólo habían discurrido 24 segundos del primer cuarto. Son dos jugadores a los que les va la marcha y que además se tienen ganas. Un duelo del que Artest no ha salido derrotado psíquicamente y que, en cierto modo, decantó la victoria para los de Hollywood.

15 puntos, cuatro rebotes, dos robos y la anulación total de The Truth es el balance que se lleva Artest en este partido. Con él en cancha, los Lakers acumulan un parcial de 26 puntos a favor, más que con ningún otro jugador. Ron es clave. Ron es la llave.

miércoles, 26 de mayo de 2010

Los otros Suns

Admunson y Dudley celebran la segunda victoria ante Lakers. Foto: NBA.com

Phoenix es la sorpresa agradable de estos Playoffs. El que parecía una proyecto agotado al comienzo del torneo, no sólo se ha plantado en Finales de Conferencia de una manera más que digna -con un 4-0 a los Spurs incluido- sino que, en la noche de ayer, colocó el 2-2 en el marcador tras ganar los dos primeros partidos jugados en Arizona. Van a vender cara su derrota, probablemente a sabiendas de que esta puede ser su última oportunidad en mucho tiempo.

Parece el último resorte para un equipo fundamentado en la magia de Steve Nash. El doble ganador del MVP cuenta ya con 34 años y, pese a que sigue en un estado de forma excepcional, no le quedan muchos cursos más a pleno rendimiento físico. Pero, si la dirección y estilo del base continúa siendo el santo y seña del equipo, algo ha cambiado en el planteamiento de los del desierto. D'Antoni se fue, y con él la escuálida rotación de ocho jugadores como máximo. El banquillo ha cobrado especial importancia en los Suns, un refresco necesario para el veterano quinteto inicial.
Dragic, Barbosa, Dudley, Frye y Admunson son la otra cara de Phoenix. Sin una calidad especial o una técnica particularmente depurada, la segunda unidad de los Suns se ha caracterizado por imprimir energía e intensidad al partido, manteniendo e, incluso, dinamitando el choque a favor de los suyos. Erigiéndose en auténticos protagonistas del encuentro en varios momentos puntuales, y fundamentales, de la postemporada. Así, por ejemplo, en la noche de ayer fueron los encargados de finiquitar el encuentro ante los Lakers en el último cuarto o los 26 puntos que Dragic anotó en San Antonio en el tercer partido de la serie.

Una pareja es la que personaliza este cambio de rol, la formada por Dudley y Admunson. Dos de esos jugadores limitados en lo baloncestístico pero capacitados para vaciarse desde que ponen el pie sobre el parquet. Brega y lucha por bandera. Una aportación esencial en lo anímico. Siempre generosos en el esfuerzo, su actitud se contagia al resto del equipo en los momentos críticos. Así, no es raro verles salir a la cancha cuando el equipo se obceca, haciendo el papel de microondas que, en un principio, no deberían tener asignado. No aportan dirección, ni claridad de ideas, ni siquiera una anotación espectacular. Pero con ellos la lucha está asegurada y cada balón parece la última posesión de una final. Un comportamiento ejemplar que mantiene a los rivales a raya.

Los Suns ya no sólo juegan bonito y ahora imprimen mala leche cuando es necesaria. Una combinación que mantiene fresco y activo a uno de los grupos más veteranos de la liga. El lubricante que mantiene engrasada a la vieja máquina.

jueves, 20 de mayo de 2010

Trabajo duro, juego duro

El secreto está en el bloque. Foto: Northstationsports.com

Existe un tópico bastante extendido en el baloncesto que dice que el trabajo duro vence al talento cuando el talento no trabaja duro. A lo que no hace referencia esta expresión es que, en ocasiones, la facultad de trabajar duro no deja de ser un tipo de talento. Un don con el que algunos deportistas nacen y que los diferencia del resto de contendientes. Además, se da la circunstancia de aquellas rara avis que a una facilidad para el juego innata unen una capacidad sacrificio extraordinaria. Teóricas excepciones, sí, pero que esta temporada se han dado cita en Boston, conjuntando el equipo más competitivo de la NBA. Porque lo que fue el nuevo Big Three, el núcleo que delvolvió a los míticos Celtics la gloria del triunfo, no se han conformado con su anillo. Han vuelto. Con el mismo espíritu. Con un miembro más.

Y es que ya no se puede hablar de un trío estelar. Porque dejar fuera de este estatus a Rajon Rondo sería demasiado injusto para con la atribución del veloz base. Porque creer que estos Celtics se han erigido como los máximos protagonistas de estos Playoffs -sin olvidar nunca a los Suns, claro- gracias a la calidad de sus superestrellas resulta demasiado simplista. En estos momentos, los verdes ejemplifican a la perfección el concepto de bloque, de conjunto, trasladado a una pista de baloncesto. Compactos. No hay por dónde meterles mano. Sin puntos débiles ni fisuras. Juegan duro. Defienden duro. Y pobre del que trate de cambiarles la dinámica.

Los Cavs se presentaron ante ellos con la vitola de máximos favoritos al anillo. Con una defensa presumiblemente inexpugnable. Con el jugador más decisivo de la liga. Pero a siete partidos un hombre, aunque en ocasiones parezca un cyborg, nunca va a eliminar a cinco. Y más si estos están dirigidos por un entrenador al que el presuntuoso apelativo de Doc no le queda grande. Juntos descubrieron el equivalente baloncestístico a la fórmula de la Coca-Cola, cómo parar a James. El Elegido llegó a la NBA sin una mecánica de tiro muy depurada. Una tara que se esforzó en remendar y que llegó a reemplazar por un más que fiable tiro de tres pero que escondía un recobeco que el estudioso coach Rivers supo explotar como nadie había hecho antes, El Rey tira mal de media distancia. Lo dice su rango de lanzamientos (ver). Lo confirma su prematuro adiós a la temporada.

Pero la ambición céltica pide más. Por ello no se han abandonado a la auto complacencia. Por eso ayer arrancaron la segunda victoria en Orlando dinamitando el factor cancha a unos Magic que se habían presentado en la Final del Este presumiendo de imbatibilidad. Antoni Daimiel achaca gran parte del resultado a una mala conducción de Van Gundy desde el banquillo de los de Disneyworld (leer). Una visión que puede resultar acertada, pero que responde a un escenario maquiavélicamente perpetrado por Rivers y magistralmente interpretado por sus soldados. A saber, los Magic carecen un base real que mueva el balón para su característico ataque basado en el triple. El rol que el año pasado asumía Turkoglu, vamos. Ése es el botón a presionar. Y en ello andan los de verde -con gran éxito-.

Un trabajo duro que de momento ha eliminado a dos de los máximos talentos del presente, Wade y LeBron, y que previsiblemente lo hará con un tercero, Howard. Pero en el que subyace un especial don para este tipo de empresas. El que poseen jugadores poco estéticos o especialmente dotados de clase o técnica como: Kendrick Perkins, Glenn Davis o Tony Allen. Pero que también poseen antiguos superclases como: Rasheed Wallace, Kevin Garnett o Paul Pierce. Auténticos artistas del juego duro. Perros viejos, con mil y una tretas para desquiciar a sus adversarios.

Espíritu, ambición y talento. Los Celtics, un año más, van en serio.

miércoles, 5 de mayo de 2010

Baloncesto, política y mercadotecnia

Nash con la camiseta que su equipo lucirá esta noche. Foto: NBA.com

Si hay un tema que en estos momentos copa la actualidad norteamericana ese es la polémica suscitada a raíz de la aprobación de la nueva Ley de Inmigración del estado de Arizona. La más dura del país y que, por ejemplo, permite a un policía detener a cualquiera que “sea sospechoso” de ser inmigrante ilegal. Esto es, de hacer una segmentación de la población por perfiles raciales haciendo objeto de ella a todas aquellas personas que tengan rasgos latinos. Una circunstancia que, para sus opositores, choca frontalmente con los derechos civiles que tan traumática implantación tuvieron en Estados Unidos.

La medida, que ha sido objeto de protesta en los núcleos más importantes del país, vuelve a tomar relevancia por su llegada a un escenario tan poco común para las cuestiones políticas como es el deporte profesional estadounidense. Quizás uno de los principales motores económicos y que, tradicionalmente, siempre ha vivido en una extraña dicotomía entre el conservadurismo existente en su cúpula dirigente y la sensibilidad a los problemas racistas existente entre los deportistas, en el caso del baloncesto con una gran mayoría de jugadores de raza negra. Así, no es raro ver que desde la propia NBA se impulsen campañas de apoyo a ciertos temas sociales como puede ser el medio ambiente, incluso tiene su propia división dedicada a la ejecución de obras de caridad llamada NBA Cares, aunque siempre desde un prisma muy superficial. Sin tratar de ofender a cualquier potencial consumidor, sea cual sea su perfil ideológico, y alejado de cualquier tipo de posicionamiento.

En medio de toda esta vorágine, se ha conocido que el equipo de baloncesto de la capital de Arizona, Phoenix, saldrá esta noche a jugar el segundo partido de su eliminatoria contra San Antonio con la inscripción “Los Suns” en su pecho. Un recurso que, hasta ahora, se había utilizado por diferentes franquicias en lo que se conocía como “noches latinas” y que tenían como objetivo identificar a los equipos con el nicho de mercado que suponen las diferentes comunidades latinoamericanas de cada ciudad, esas que ahora se encuentran bajo sospecha tras la entrada en vigor de la polémica ley.

La medida nace del propietario del equipo, Robert Sarver, que ha declarado que esta es la manera de su organización de “honrar la diversidad existente en el equipo, en Arizona y en el país”. Para Sarver la ley resulta “deficiente” y “pone en tela de juicio la igualdad de derechos y de protección ante la ley”. Steve Nash, estrella de los Suns y uno de los jugadores más comprometidos políticamente, también se ha mostrado contento con la medida de su equipo. “La ley envía un mensaje negativo a los jóvenes de nuestra comunidad así que es genial que el dueño haya decidido mostrar su disconformidad. Tiene a todos los jugadores con él”, afirmó el base, que hizo 33 puntos y 10 asistencias en el primer partido de la serie.

Lo que nació como una forma de ingresar más dinero dentro de esa gran escuela de márketing que es la NBA actual se ha tornado en una ingeniosa protesta política. Y lo hace, además, con el oportunismo de una buena campaña de publicidad, aprovechando el Cinco de Mayo, día del orgullo mexicano en EE.UU.

martes, 20 de abril de 2010

El camino de la inciación

Durant se enfrenta a Ron Artest, encargado de su marcaje. Foto: ESPN.com

En esta edición de los Playoffs de la NBA se da una circunstancia curiosa, dos franquicias participan por primera vez en su historia del tramo final de la NBA. Oklahoma City Thunder -no lo voy a contar como una continuación de los Sonics pues su historia y palmares se ha quedado para la ciudad de Seattle- y Charlotte Bobcats son los equipos novatos. Dos conjuntos que, curiosamente, se deben medir a los vigentes finalistas en esta primera ronda, un estreno por la puerta grande. Sin embargo, aquí acaban los paralelismos entre dos escuadras que encarnan dos ideas diametralmente opuestas de lo que debe ser la construcción de una plantilla. Dos conceptos diferentes, incompatibles entre sí, pero, como se ha demostrado, igualmente válidos.

Los Thunder, el equipo novel de la liga siendo esta su segunda temporada en OKC, representan a la ambición, muchas veces insolente, que reside en la juventud. Las ganas de hacerlo grande y, además, rápido. Una muestra de ello es el hecho de que hayan sido capaces de lograr 50 victorias este año, doblando así las 23 de la pasada campaña. Un hecho que asusta, más si tenemos en cuenta que los pilares de sobre los que se sustenta el equipo superan ligeramente los 20 años. Unos jóvenes talentos entre los que destaca, sin ninguna duda, la figura de Kevin Durant. Para muchos, el jugador llamado a dominar esta década que ahora se despierta.

El flaco, en su tercer año en la liga, se encuentra por pleno derecho entre los aspirantes al MVP -que se va a llevar claramente LeBron-. Sus medias son, simplemente, de otro planeta. Así, con 30 puntos por noche, es el máximo anotador de la Liga Regular en su tercera temporada entre los grandes. Un dato escalofriante si se tiene en cuenta que lo rubrica con un 47% de tiros de campo. Un exceso encestador que, como ha quedado patente, va en favor del conjunto.

Y si los Thunder se definen en dos palabras: juventud y Durant, los Bobcats también lo podrían hacer igualmente: Larry Brown. Y es que, desde que el veterano técnico llegara al banquillo de Charlotte, la franquicia recién adquirida por Michael Jordan experimentó una frenética actividad en los despachos a fin de confeccionar un plantel al gusto del entrenador. Unas preferencias que siempre han superpuesto a los resultados sobre la estética. A la madurez sobre la juventud. Al sacrificio sobre el talento.

Los Bobcats son un gran bloque de hormigón armado. Un conjunto de duros trabajadores del baloncesto ansiosos por demostrar su valía. No es que no rehuyan el contacto, es que gustan de él. Aquí no hay futuro, superestrellas o estadísticas estratosféricas. El glamour se sustituye por el sudor y sólo se tiene en cuenta el presente que supone cada partido. Mientras otros grandes conjuntos son culpables de caer en la autocomplaciencia durante grandes fases del encuentro, Charlotte siempre da el máximo. Como un martillo neumático que no cesa de golpear durante los 48 minutos y que, en numerosas ocasiones, consigue abrir la grieta deseada en su adversario.

Hubo un tiempo en que los B-cats eran un refugio de jóvenes promesas. Una filosofía de la que no queda ni rastro. Gerald Wallace, Stephen Jackson, Boris Diaw, Larry Hughes o Theo Ratliff son las nuevas caras del equipo. Una coalición de anti-heroes en busca del reconocimiento que creen deber tener. Algo que con esta incursión en Playoffs han logrado, pero que, fieles a su carácter, no les debe satisfacer. No sin luchar. Y para muestra el primer partido de la serie, en el que llegaron con posibilidades a los instantes finales después de una primera parte aplastante por parte de los Magic. No hay miedos o complejos y para ganarles tendrán que luchar más que ellos.

jueves, 15 de abril de 2010

Tiempo de Playoffs

Cuadro definitivo de los Playoffs. Foto: Marca.com