Hubo un tiempo en el que Ron Artest era un jugador polivalente. Capaz de pegarse a su rival como un chicle en defensa y resolver con cierta solvencia un ataque. Un jugador polémico, estigmatizado en demasía por el día que se le ocurrió subir las escaleras del Palace para pelearse con un aficionado. Y es que aquella macarrada, totalmente fuera de lugar, parece haberle marcado en demasía, mucho más tiempo que los 73 partidos que cumplió de sanción.
Antes de aquello, Ron Ron llegó al estatus de All-Star, amén de haber sido nombrado jugador defensivo del año. Unas condecoraciones que demuestran que un día fue algo más que el jugador alocado que se ha vendido después del follón de Detroit. Ese rol de cabeza loca que, sin duda, él mismo se ha llegado a creer hasta el punto de, prácticamente, pegarse partidos enteros sin mirar a la canasta contraria. Algo absurdo en un jugador que un año superó los 24 puntos por noche.
Pero, tras el primer partido de las Finales parece que por fin se ha reencontrado con sigo mismo. Artest está en paz, y eso le ha convertido en clave del triunfo.
Sin Pierce no hay fiesta en el lado verde. No hace falta una sesuda labor de scouting para saber esto. Ron Ron, como perro de presa que quiere ser, no dudó de emplearse duramente en tan dificil tarea. Así, significativa es la doble técnica que ambos se llevaron cuando sólo habían discurrido 24 segundos del primer cuarto. Son dos jugadores a los que les va la marcha y que además se tienen ganas. Un duelo del que Artest no ha salido derrotado psíquicamente y que, en cierto modo, decantó la victoria para los de Hollywood.
15 puntos, cuatro rebotes, dos robos y la anulación total de The Truth es el balance que se lleva Artest en este partido. Con él en cancha, los Lakers acumulan un parcial de 26 puntos a favor, más que con ningún otro jugador. Ron es clave. Ron es la llave.
Antes de aquello, Ron Ron llegó al estatus de All-Star, amén de haber sido nombrado jugador defensivo del año. Unas condecoraciones que demuestran que un día fue algo más que el jugador alocado que se ha vendido después del follón de Detroit. Ese rol de cabeza loca que, sin duda, él mismo se ha llegado a creer hasta el punto de, prácticamente, pegarse partidos enteros sin mirar a la canasta contraria. Algo absurdo en un jugador que un año superó los 24 puntos por noche.
Pero, tras el primer partido de las Finales parece que por fin se ha reencontrado con sigo mismo. Artest está en paz, y eso le ha convertido en clave del triunfo.
Sin Pierce no hay fiesta en el lado verde. No hace falta una sesuda labor de scouting para saber esto. Ron Ron, como perro de presa que quiere ser, no dudó de emplearse duramente en tan dificil tarea. Así, significativa es la doble técnica que ambos se llevaron cuando sólo habían discurrido 24 segundos del primer cuarto. Son dos jugadores a los que les va la marcha y que además se tienen ganas. Un duelo del que Artest no ha salido derrotado psíquicamente y que, en cierto modo, decantó la victoria para los de Hollywood.
15 puntos, cuatro rebotes, dos robos y la anulación total de The Truth es el balance que se lleva Artest en este partido. Con él en cancha, los Lakers acumulan un parcial de 26 puntos a favor, más que con ningún otro jugador. Ron es clave. Ron es la llave.
