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lunes, 5 de octubre de 2009

¿Qué fue de 'aquellos maravillosos Clippers'?

Presentación de Dooling, Richardosn y Miles. Foto: ESPN.com

En los albores de esta década que está a punto de finalizar hubo un equipo que llegó a revolucionar el panorama de la liga pese a que no consiguió nunca grandes resultados. De vida corta pero fértil en lo que a espectáculo se refiere, los Clippers de la temporada 2000/01 amenazaron al establishment existente en la NBA a base juventud y juego trepidante aderezado con dejes de streetball. Probalbemtne, nunca un equipo tuvo tanta repercusión siendo, realmente, tan poco.

Talento y chulería sobre el parqué. Todo muy natural, lejos de los artificios que algunos jugadores quieren imprimir a su juego -pobre en muchos casos- para tratar de acercarse al público. Aquellos Clippers, que Montes rebautizó con el acertado mote de Al salir de clase por la juventud de sus piezas más importantes, dejaron huella entre los aficionados y, aunque se les recuerda como el germen de los mejores Clippers de la historia, los que pasaron la primera ronda de playoffs en la 2005/06, lo cierto es que en la práctica casi ninguno de ellos entraton en la postemporada con la casaca roja, blanca y azul.

El jugador franquicia de aquel equipo era Lamar Odom. Probablemente el único que ha tenido una carrera decente a sus espaldas, pese a quizás nunca llegar a ser el jugador determinante que se esperaba. Entonces, el de Queens estaba en su segundo año y promedió unos excelentes 17 puntos, cinco asistencias y casi ocho rebotes por noche, siendo estos sus mejores números como integrante del hermano pobre de LA. Al final decidió cambiar de costa en 2003 donde se asociaría con un novato Wade para llevar a los Heat a playoffs. Su última etapa le ha llevado de vuela a Los Ángeles, aunque esta vez a su lado más glamouroso, el lugar donde se ha asentado como revulsivo de calidad siendo determinante, aunque no esencial, en el anillo de este año.

Junto a él, un compañero de promoción, Corey Maggette, empezaba a dar muestras de sus credenciales como jugador. Fue el único que hizo carrera vestido de rojo estableciéndose como la gran amenaza exterior de los Clips. El alero aterrizó en California tras su campaña rookie en Orlando y aunque sólo promedió algo más de 10 puntos por noche, lo cierto es que daba la sensación de que en cualquier momento podía explotar. Un vendaval que tardó en irse, pero que tras la enésima reconstrucción acabó en los Warriors con una desigual aceptación por parte del público de Oakland.

Pero el terremoto definitivo lo provocaron la irrupción de Quentin Ricardson y Darius Miles, dos novatos prometedores que provenían de la zona de Chicago y actuaban como colegas dentro de la pista. Puro sabor a basket callejero que encajó muy bien en el vestuario angelino -no hay que olvidar que de todos los citados hasta ahora ninguno superaba en aquella época los 22 años-. Miles llegó directamente del instituto para ser la tercera elección del draft. Tildado como el nuevo Kevin Garnett, por su precocidad, el escolta nunca llegó a explotar, pareciéndose sólo a The Big Ticket en lo abultado de sus contratos. Aún así, cabe reseñar que su primer año fue especialmente prometedor. Finalmente una lesión de espalda, de la que se ha recuperado, le hizo casi colgar las botas en Portland, donde había firmado un supercontrato, aunque el año pasado consiguió volver en los Grizzlies, que no han querido contar con él para este año.

Richardson, por su parte, terminó forjándose como un especialista desde la línea de tres. Abandonó LA -como todos- camino a Phoenix, donde se convirtió en el cañonero de Steve Nash durante un par de temporadas. Sin embargo, finalmente fue a recaer a los New York Knicks, donde practicó el deporte principal de aquel vestuario: dejarse llevar. Este verano fue noticia por verse involucrado en cuatro traspasos diferentes. Unos movimientos que, de momento, le han dejado como nuevo jugador de los Heat.

Junto a estos cuatro puntales, la franquicia también integró ese año a Keyon Dooling, que llegó en la operación de Maggette. El base ha establecido una sólida carrera como jugador de rotación, pero nunca ha destacado sobre el resto. El equipo de jóvenes lo redondeaba el infame Michael Olowokandi, número uno del draft de 1998 y uno de los mayores blufs de la histori de la NBA.

Un conjunto que consiguió 31 victorias y 51 derrotas. Un balance bastante alejado de la postemporada pero que no resultó óbice para poner a los Clippers en el mapa. Por fin, la franquicia maldita comenzó a ver la luz y consiguió que el público se enganchara a su -efímero- espectáculo.

lunes, 20 de julio de 2009

Quentin Richardson, moneda de cambio

¿Será Minnesota su destino final?

Lo del otrora genial escolta de los Clippers, Quentin Richardson, esta pretemporada está siendo de traca. El jugador, que ha bajado sensiblemente sus prestaciones durante su estancia en la Gran Manzana, ha sido la moneda de cambio de tres traspasos distintos en apenas un mes, siendo enviado en el último de ellos a Minnesota, a la reconstrucción post-McHale.

Richardson finalizó la pasada temporada en la voluble plantilla de los Knicks. Un equipo que desde la llegada de D’Antoni, bueno, quizás ya antes, siempre está predispuesto a un intercambio de jugadores, máxime si estos finalizan contrato en el famoso verano de 2010. Fue enviado a Memphis a cambio del contrato, se supone -ya que el jugador mucho no parece que pueda aportar-, de Darko Milicic. Así, Q-Rich llegaba a la franquicia que vio a su ex socio en los días de vino y rosas, Darius Miles, renacer para el baloncesto. Quizás, pese a la mala fama, no fuera un mal sitio para él.

Pero al poco tiempo la franquicia de Tennessee lo envió de vuelta a los Clippers, el equipo que lo eligió en el draft del 2000. Una vuelta al equipo en el que había exhibido su mejor baoncesto. A una cancha conocida y a una afición que, a buen seguro, aún recordaría que él sabía jugar al baloncesto más que bien. Quizás, pese a la mala suerte que tradicionalmente persigue a los Clipps, no fuera un mal sitio para él.

Todo parecía cuadrar. Aquello era una buena forma de cerrar el círculo. Un buen momento para establecer algo de estabilidad en la vida deportiva del escolta. Pero nada más lejos de la realidad. Su ex equipo le ha enviado a la fría Minnesota a cambio de Sebastian Telfair, Mark Madsen y Craigh Smith (leer). Un sitio completamente nuevo para él. Una franquicia en plena reestructuración en la que deberá respetar el protagonismo que las jóvenes promesas de los Wolves van a demandar para ellas. ¿Un buen sitio para él? Pues… quizás.