lunes, 1 de marzo de 2010

Los Wizards activan el 'Plan B'

Blatche es la nueva esperanza de la capital

Que la Conferencia Este no es la panacea de la competitividad es una realidad que lleva afectando a la liga desde hace varios años. Este hecho hace que sean varios los equipos que se puedan plantear una incursión en postemporada al comienzo de la temporada regular sin que esta sea una mera quimera. Aunque, como es lógico, desde el comienzo hay equipos que, siempre sobre el papel, cuentan con más posibilidades que el resto; ya sea por calidad teórica de la plantilla, por aglutinar a un buen número de superestrellas o por rendimiento del bloque en años anteriores.

Este es el caso de los Washington Wizards, equipo que hasta hace dos temporadas acostumbraba a rivalizar de tú a tú frente a los poderosos Cavs del Rey James en la primera ronda de Playoffs. Un equipo alegre y vistoso fundamentado en tres pilares fundamentales aparentemente insustituibles: Arenas, Jamison y Butler. Un trío que colocó a la capital, esta vez bajo el nombre de Wizards, en el mapa baloncestístico tras más de dos décadas de fracasos deportivos -vuelta de Michael Jordan incluida-.

Sin embargo el éxito no llegó de la manera deseada. Tras una primera incursión en el torneo final en la que alcanzaron la segunda ronda, los siguientes tres años sólo pudieron morder el polvo frente a James y compañía en primera ronda, creando una de las rivalidades más encarnizadas de los últimos años y, según dicen las malas lenguas -odio esta expresión y no sé porque la uso-, algo de mal rollo en el vestuario capitalino.

No obstante, desde la dirección de la franquicia se decidió apostar por seguir confiando en su trío estelar y combinarlo con una serie de jóvenes jugadores que, a la larga, supondrían su válvula de escape. Tras el fiasco de este inicio de campaña y todo el problema surgido con el Agente Cero los Wizs decidieron romper la baraja y optaron por una reconstrucción brutal. Con sólo 30 millones comprometidos para la próxima temporada -de los que más de la mitad corresponden al contrato de Arenas- Washington es hoy en día un hervidero donde los más jóvenes tratan de mostrar su valía. Una jungla que, en contra de lo esperado, también está funcionando en lo colectivo.

Con el sorprendente liderazgo de Andray Blatche, desde el parón del Allstar Weekend promedia 26 puntos y casi 12 rebotes por noche, Washington ha ganado cuatro partidos y ha perdido tres. Un balance nada espectacular pero que no empeora, para nada, los registros obtenidos por las estrellas. Mismo rendimiento a menor coste, cuanto menos no parece una mala operación. Además, de no estancarse a lo Ramon Sessions, los Wizards han ganado un pívot para muchos años, que viendo el panorama no está nada mal.

viernes, 19 de febrero de 2010

La gran (y última) oportunidad

Sergio en su etapa en Sacramento. Foto: ABC.es

Sólo ha sido un mero secundario dentro del baile de grandes contratos que se produjo durante la jornada de ayer, pero, sin comerlo ni beberlo, Sergio Rodríguez se encuentra ante la que es su gran oportunidad dentro de la NBA al desembarcar en New York involucrado dentro de la operación McGrady.

El canario llegó hace cuatro años a la NBA, con el título de campeón del Mundo bajo el brazo. Sergio aterrizaba en una liga que, en teoría, premia el juego ofensivo y alegre en detrimento de los sistemas defensivos y la obsesión por la táctica que en ocasiones amordaza al baloncesto FIBA. Todo parecía estar, por lo tanto, a su favor de su aventura americana. Tenía tiempo, llegó sólo con 21 años, y talento para hacerse un hueco entre los grandes.

Durante aquella época -aunque todavía queda algún trasnochado que sigue en sus trece- Sergio tuvo que luchar contra aquellas voces agoreras que dicen que un jugador europeo debe dominar el viejo continente antes de probar suerte en Estados Unidos. Una teoría que, incluso, el gran Aíto quiso aplicar a Pau cuando era su entrenador en el Barça y que, afortunadamente, ha quedado en desuso tras los éxitos de jugadores como Nowitzki o Parker.

Pero el principal problema que se encontró el canario no fue su juventud, similar a la de otros compañeros de promoción procedentes del draft, sino el de un entrenador que, simplemente, nunca confió en él. McMillan tenía -y tiene- una visión muy clara de lo que quiere para sus Blazers. Unos planes que, sin duda, han dado sus frutos pero que no incluían al joven base.

No obstante, ésta no fue la última bofetada que Rodríguez se ha llevado. Este verano El Chacho llegó a Sacramento donde tampoco ha conseguido abrirse un hueco en la rotación del equipo pese a no realizar malos partidos en la época en la que dispuso de oportunidades. En esta ocasión un prometedor rookie, Tyreke Evans, se cruzó en su camino.

Pero finalmente, cuando más oscuro parecía estar, se abre una luz en el futuro de Mojo Picón. Los Knicks de Mike D’Antoni, el mismo que dio luz verde a su traspaso desde Phoenix a Pórtland la noche del draft en el que Sergio fue seleccionado, llegan a la vida del jugón. De rebote, sí, pero llegan. Con la sola competencia de Duhon, un base de perfil bajo, y de Eddie House, un tirador reconvertido a uno en Boston por la falta de efectivos, Rodríguez debe estar en posición para hacerse con un hueco en la escueta rotación del técnico italo-americano.

Run&gun, poca responsabilidad defensiva y un público falto de alegrías son los argumentos que corren a su favor. Pero lo mejor, es que sólo depende de él.

jueves, 18 de febrero de 2010

La corte del Rey

Jamison anota ante el que es su nuevo equipo. Foto: Zimbio.com

En estos momentos la NBA se divide en dos tipos de equipos: los que tienen a una, o varias, superestrellas y quieren pugnar por el anillo y aquellos que no tienen nada y desean liberar dinero este verano para poder atraer a uno de estos astros hacia su entorno. Sólo así se puede entender según qué tránsito de jugadores, la última oportunidad para delinear tu plantilla.

El premio gordo este verano será, sin ninguna duda, LeBron James. El cyborg termina contrato y por sólo por él franquicias como los Knicks han realizado una de las limpias más grandes de la historia llenando su roster de jugadores en último año de contrato. La idea de jugar en la Gran Manzana es un reclamo para casi cualquier jugador, una llamada que prácticamente sólo se puede eludir ante la posibilidad de conseguir mayores logros en tu ciudad natal.

Esta es la baza que los Cavaliers, actuales propietarios del Elegido, quieren explotar. Darle un anillo a James antes de que pueda elegir su futuro es la consigna a seguir. Y de momento no parecen ir por el mal camino. Así, durante la jornada de ayer Cleveland se hizo con los servicios del dos veces All-Star Atawn Jamison en una magistral operación a tres bandas junto a los Clippers y ese gran almacén de saldos que son los Washington Wizards.

Twan llega a Ohio acompañado del base Sebastian Telfair que se había quedado sin sitio en el el hermano pobre de Los Ángeles tras la llegada al equipo de Steve Blake. El otro damnificado por el intercambio Clippers-Blazers fue el alero Al Thorton, que será lo único que pesquen los Wizards -junto a la bajísima elección que los Cavs tendrán en el próximo draft- si tenemos en cuenta que Ilgauskas probablemente regresará a Cleveland tras un presumible buyout. Para cerrar el círculo, los Clippers se llevan a Drew Gooden -que parece empeñado en ser el primer jugador que durante un momento u otro de su vida a pertenecido ha las 30 franquicias de la NBA-.

Así, LeBron contará a su alrededor con una plantilla que, sin él, debería tener el objetivo mínimo de clasificarse para Playoffs. No en vano, excluyendo a James y contando a Big Z, los Cavaliers tienen en nómina a cuatro jugadores con vitola All-Star. Un conjunto que en el Este, y sin El Elegido, podría barrer a varios de sus rivales directos sin problemas. Para ello, sólo hay que fijarse en el juego interior del equipo, tradicionalmente la faceta más débil en cualquier conjunto. Shaquille, Ilgauskas, Varejao, Hickson, Powe y Jamison... ¿Quién dijo que LeBron no tenía equipo?

martes, 16 de febrero de 2010

I love this game

Vuelta a la actividad me encuentro con este curioso vídeo del rapero zaragozano Doctor Loncho. Puedes estar más o menos de acuerdo con lo que dice, pero es difícil no verse reflejado en la situación que plantea. Y es que... I love this game.



Por cierto, vuelvo a tener tiempo libre y eso se nota. A partir de ahora os podeis hacer fan del blog en Facebook. Clickar en este enlace.

El (pen)último cartucho de Cuban

Butler y Stevenson llegan a Dallas. Foto: ESPN.com

Desde que comprara los Dallas Mavericks en el año 2000, el objetivo del excéntrico multimillonario Mark Cuban ha sido siempre convertir al equipo texano, una franquicia históricamente perdedora, en toda una potencia dentro de la NBA. Diez años después, este objetivo primigenio se puede dar por cumplido. Desde la temporada 2000/01 los Mavs no han fallado una sola campaña a su cita con los Playoffs, llegando a disputar por primera vez unas Finales en 2006, donde cayeron ante los sorprendentes Heat de un jovencísimo Dywane Wade.

Pero el hecho de no haber conseguido el preciado anillo, además de algunos batacazos sonados como el haber sido eliminados por los Warriors en primera ronda tras haber conseguido el mejor registro en la Liga Regular 2006/07, le dieron al proyecto de Cuban un cierto halo de maldito. Una reputación que el millonario se resigna a aceptar. Es por ello que cada temporada no duda en liarse la manta a la cabeza en lo que a traspasos se refiere para tratar de reflotar al equipo. Sólo existe una consigna: no tocar a Nowitzki.

Con la atención baloncestística centrada sobre Dallas a raíz del All-Star -y su cuestionable idea de celebrarlo en un campo de fútbol americano-, los Mavs han sido los más rápidos a la hora de pescar en el río revuelto que son los Wizards tras el escándalo Arenas. Así, Cuban quema la traca y adquiere para su equipo al alero Caron Butler, al pívot Brendan Haywood y al escolta DeShawn Stevenson. A cambio, los de la capital reciben a los expirings Josh Howard, James Singleton y Drew Gooden, además de Quinton Ross para cuadrar la operación. La clásica fórmula de obtener opciones deportivas a cambio de beneficio económico. Todos satisfechos.

Se trata de una operación arriesgada, sin duda, que tiene en el conjuntar a dos jugadores similares como Butler y Marion su principal dificultad. Pero no hay duda que por potencial, así como por estado de forma, los Mavs vuelven a la primera línea del siempre competitivo Oeste. Con permiso de los vigentes campeones, claro.

martes, 5 de enero de 2010

El bien común

Ariza y Artest intercambiaron sus caminos este verano. Foto: NBA.com/rockets

Afirmar que el baloncesto es un deporte de equipo es una perogrullada de las de gama alta. Sin embargo, algo extraño debe tener esta simple afirmación que hace que, en más ocasiones de las previsibles, se olvide fácilmente de la memoria haciendo que los triunfos fundamentados en el colectivo nos lleven a una, en principio, absurda sorpresa.

Este es el caso -colóquense aquí todos los matices que se deseen- de los Houston Rockets durante este curso baloncestístico. Los texanos, que el año pasado partían desde el pelotón de los favoritos al haber conjuntado a tres grandes jugadores como Yao Ming, Tracy McGrady y Ron Artest, perdieron prácticamente de una tacada a sus tres teóricos referentes para esta temporada, lo que les hizo caer automáticamente del grupo de los equipos punteros. Un año de transición fuera de la postemporada parecía esperar a los de Adelman.

Pero nada más lejos de la realidad. La franquicia de Houston, una vez más, ha hecho del grupo su valor principal y, otro año más, se presenta dispuesta a plantear batalla sin reparar demasiado en los contratiempos que puedan surgir en su camino. Y son varios años ya mostrando esta -importante- actitud. Así, hasta cuatro jugadores: Brooks, Landry, Ariza y Scola promedian más de 14 puntos por partido a los que se les suman el incombustible Battier y el rookie Budinger que facturan algo más de ocho tantos por encuentro.

Todo un oasis en medio del desierto de egos que es la actual NBA. Precisamente, uno de los mayores anotadores de la década, y el jugador mejor pagado de la actualidad, parece el único impedimento capaz de truncar la maquinaria roja. T-Mac, acostumbrado al estatus de estrella que, sin duda, se ganó durante años anteriores decidió reclamar más protagonismo al regreso de su última lesión. Pero en estos Rockets en los que el bien general prevalece sobre el particular han sabido acallar su discordante voz a base de resultados.

El futuro del jugón de ojos semicerrados y sonrisa con denominación de origen parece, cada día, más fuera de Houston mientras que la franquicia continúa su particular batalla contra los tópicos individualistas que actualmente asolan la mejor liga del mundo.

sábado, 2 de enero de 2010

La naturalidad de ser el mejor

Duncan es defendido por Garnett, una de las rivalidades más célebres de la década. Foto: Onemanfastbreak.net

El dorsal de su camiseta sirvió a Andrés Montes para poner uno de sus acertadísimos sobrenombres. Tim Siglo XXI Duncan, que decía el jugón de la pajarita, ha sido elegido por ESPN el mejor jugador de la primera década del nuevo milenio, una decisión que, como todas, puede resultar discutible pero que, sin embargo, no se puede tachar de desacertada en ningún caso.

Su elección en el número uno del draft fue un anuncio de lo que a la liga le esperaba. Los Spurs, que venían de hacer una campaña desastrosa debido a la lesión de su jugador franquicia, David Robinson, seleccionaron al joven y prometedor pívot para crear su propia versión de las torres gemelas. Junto al militar, Duncan tuvo que readaptarse a la posición de ala-pivot, una ubicación que finalmente haría suya hasta el punto de que en la actualidad es muy difícil imaginar a un buen power-foward sin las características del de las Islas Vírgenes.

Es imposible concebir a los Spurs campeones sin su número 21, piedra angular en los cuatro títulos que la franquicia posee. Su primer anillo llegó en su temporada sophomore. En una NBA huérfana de Michael Jordan y afectada por el lock out que obligó a disputar una temporada regular de sólo 50 partidos el ala-pivot comenzó a implantar su disciplina llegando a ser coronado como el MVP de las finales, demostrando así que el relevo en la pintura de San Antonio, y en la liga, llevaba su nombre. Aunque lo mejor estaba, sin duda, por llegar.
La década que ahora se cierra sería la suya. Tres títulos más, todos ellos logrados en años impares, dos trofeos de MVP, su comparecencia en todos los partidos de las estrellas disputados y un dominio incuestionable en la posición de cuatro son su tarjeta de presentación. Su carácter introvertido, no suele protagonizar noticias fuera de las canchas, y el hecho de jugar para una franquicia pequeña y que ha hecho del juego defensivo su bandera le han restado la popularidad que su juego merece, aunque no han conseguido borrar su legado sobre el parqué.

Un juego de pies exquisito, un tiro de media distancia preciso y un ramillete de movimientos precisos e imparables son sus señas de identidad. Unas características que le han llevado a adquirir el sobrenombre de The big fundamental, algo sorprendente para un jugador que se inició en el baloncesto de forma tardía como él. Duncan se impone en esta elección a otros grandes de la historia como serán Shaquille O’Neal o Kobe Bryant, que durante estos diez años han conseguido ganar cuatro títulos cada uno, y lo hace como lo hizo sobre la pista, con una naturalidad que asusta.